Salisachs, Mercedes

Biografia

Mercedes Salisachs i Roviralta (Barcelona, 1916). Educada en un col·legi de monges, més tard va ser una de les poques dones de la seva època que van cursar carrera universitària. Es va casar ben jove, amb només 18 anys. Ha tingut cinc fills i ha escrit gairebé una trentena de llibres. Després de graduar-se en peritatge mercantil, feu diversos programes de ràdio i televisió, relacionats, especialment amb la crítica artística i literària. Utilitzà els pseudònims “Dan” i “María Ecín” per a les novel·les Foehn (1948) i Primera mañana, última mañana (1955), respectivament, amb les quals es donà a conèixer en l’àmbit nacional, consolidant-se amb Una mujer llega al pueblo (1956), amb la qual obtingué el premi ciutat de Barcelona. Mercedes Salisachs el va haver de publicar sota el pseudònim de Maria Ecín, perquè la intel·lectualitat del país l’acusava de ser una dona de l’alta societatque publicava per diversió i que treia el pa a aquells que verdaderament ho necessitaven. Fins i tot es va arribar a dir que altres persones escrivien els seus llibres i que ella només els firmava. Al final, però, tothom ha acabat reconeixent-li el talent. No en va ha guanyat amb les seves novel·les el premi Ciutat de Barcelona, per Una mujer llega al pueblo; el Planeta, per La gangrena, una mirada històrica a la Barcelona contemporània; i l’Ateneo de Sevilla, per El volumende la ausencia. Seus són també títols com ara: Carretera intermedia (finalista del Planeta 1956), La estación de las hojas amarillas (1963), Adagio confidencial (finalista del Planeta 1973), La presencia (1979), La sinfonía de las moscas (1982), o últimament, Bacteria mutante (1996), El secretode las flores (1997), La voz del árbol (1998) i La conversación (2000). La seva obra narrativa té un to profundament realista que retrata els ambients de la burgesia catalana. Mercedes Salisachs ha estat conferenciant per tot Europa i els Estats Units, i la seva obra ha estat traduïda a l’anglès, el francès, l’alemany, l’italià, el portuguès, el suec, el finlandès i el rus. La seva gran passió ha estat dedicar-se a aprendre bé el castellà amb cor i ànima. Aquesta ha estat la seva excusa per allunyarse del català, una llengua que parla i comprèn amb dificultat malgrat haver passat la major part de la seva vida a Catalunya.

Obra

La gangrena

La gangrena desenvolupa un ample panorama de Barcelona creuant les dècades des de la república fins al final del franquisme. Segeix l’ascens del mig orfe Carlos Hondero des d’una posició modesta fins a ésser un dels financers més poderosos d’Espanya i ressegueix els esdeveniments polítics importants succeïts, de manera que en el cercle de persones al voltant d’Hondero es reflecteixen les circumstàncies de tota Espanya. Especialment en el primer terç de la novel·la s’accentua força la relació dels personatges principals amb llir ciutat, i l’espai es troba molt estretament unt amb l’estat anímic del protagonista

Adagio confidencial

Los clamores del silencio

En el tramo final de su vida, una mujer viuda recuerda los dos grandes amores de un pasado que de repente se antoja no tan lejano. Se evoca así el período de la posguerra, en que una joven de origen humilde llamada Sagra cae enamorada de su jefe, Jaime Salavedra, empresario del papel y miembro de la alta burguesía de la Ciudad Condal. El romance, la boda y la primera época de felicidad se irán ensombreciendo con el tiempo y la progresiva llegada de personajes con la cualidad de alterar la rutina del matrimonio. Se da así un arduo proceso de fractura sentimental que discurre paralelo al progreso de la sociedad española y a la modernización de sus hábitos, tanto en el campo individual como colectivo.

Documentació

Article publicat a “La Vanguardia” el 23/10/05 per María Asunción Guardia

Bodas de oro literarias

A sus 89 años, y coincidiendo con la publicación de su última novela, Reflejos de luna, Mercedes Salisachs (1916) anuncia tres nuevos proyectos y dice que le gustaría ver en el cine alguna de sus más de cuarenta obras literarias. Salisachs celebró ayer sus bodas de oro con la literatura con un desayuno de prensa en su casa. De hecho, lleva más de 50 años escribiendo y ha publicado más de 40 libros, pero suele decir que sus primeras obras eran muy malas, y empieza a contar su vida literaria a partir de Primera mañana, última mañana (1955). Este feliz aniversario – Salisachs esta en plena forma física- coincide con la publicación de su última novela, Reflejos de luna,editada por Planeta. Y no piensa detenerse, porque está llena de proyectos y no para de trabajar. Su editorial no duda en calificar la última como una sus mejores y principales obras. Reflejos de luna está formada por 34 fragmentos, cartas entre un hombre y una mujer ya viejos, que recuerdan sus vidas y un amor que desde 1955 ha estado marcado por la separación y los desencuentros. Mercedes Salisachs compareció radiante, con un alegre traje pantalón verde manzana, maquillada y apoyada en su bastón, en su piso del paseo de Gràcia. Quizá por este motivo lamenta que, más que una escritora, se la ha considerado siempre “una señora que escribe”. Salisachs afirma que “el argumento es lo de menos. Lo que importa es la idea, el mensaje. Trato de que mis novelas sean amenas, divertidas y un poco intrigantes”. Después, sigue: “Trabajo, leo y corrijo mucho. También leo muchos periódicos… estoy al día. No hago ejercicio, pero sí gimnasia mental”. De hecho, confiesa hacer hasta tres versiones de una misma obra, que escribe con una vieja máquina eléctrica a la que le empiezan a fallar algunas letras, pero se niega a sustituirla por el ordenador. Corrige a mano sobre la primera copia y luego su secretaria, fiel desde hace casi 40 años, la pasa al ordenador. La autora de La gangrena, obra con la que ganó el premio Planeta en 1975, afirma que “se puede escribir desde el dolor” – no dejó de hacerlo cuando murió su hijo-, “pero no cuando se tienen problemas”. Al final, alguien mencionó la polémica del último Planeta y la autora fue diplomática: lamentó “el disgusto que se habrá llevado la pobre chica” (Maria de la Pau Janer), pero añadió que Marsé es un gran escritor, y que sí había leído – y le había gustado- el anterior Planeta, que ganó Lucía Etxebarría.

Article publicat a “La Vanguardia el 16/05/2004 per José Bejarano

“Nunca he escrito para triunfar”

Mercedes Salisachs vuelve a casa con la novela El último laberinto. A su casa editorial, Planeta, de la que ha estado alejada muchos años, ya que había publicado sus últimas obras, y también bastantes de las anteriores, en Ediciones B. Con esta obra ganó el premio Fernando Lara, fallado la noche del viernes en Sevilla y dotado con 120.000 euros. Salisachs, en un encuentro con este diario, afirmó que le daba “mucha pereza estar tanto tiempo fuera de su editorial de toda la vida” y por eso presentó la novela al premio Fernando Lara. “Ni siquiera mis hijos sabían que concursaba, porque temía no ganar”, confiesa. El asunto central de la obra es el perdón, algo que Salisachs considera esencial en las relaciones humanas. “Todo es perdonable, todos tenemos que perdonar y derecho a ser perdonados si hay arrepentimiento porque eso libera tanto al que agravia como al agraviado. El rencor es muy malo.” La autora de La gangrena afirma que los años le han limado asperezas y que ahora no es en absoluto rencorosa. “Lo era, pero me he dado cuenta de que el odio te hace sufrir. Ya hay muy pocas cosas dramáticas para mí.” Lo que ocurre en el mundo a veces sí es un drama. A ella, por ejemplo, le horrorizan las mafias de prostitución infantil, trasfondo de su nueva novela. Para escribir El último laberinto, Salisachs ha tenido que leer infinidad de noticias en los diarios, conocer el mundo de las drogas, la cárcel, la trastienda de la justicia. “Leyendo los periódicos, una llega a preguntarse qué pasa en este mundo.” Y lo que pasa es que el mundo está desquiciado, como si le faltara una raíz. “Los seres humanos somos animalitos que necesitamos algo que nos retenga y nos obligue a comportarnos como personas”, afirma. Le espanta que el ser humano juegue a ser Dios. Sólo ese intento explica la inconsciente ligereza con la que se suele juzgar a los sospechosos de un crimen. “La ligereza, los prejuicios, siempre han existido, pero ahora todo el mundo se cree con derecho a dictar sentencia. Fíjese la barbaridad que le hicieron a esa pobre mujer (Dolores Vázquez, condenada por el crimen de Rocío Wanninkof) por las apariencias y por pruebas falsas. Lo que ocurre es que estamos equivocados, queremos ser dioses y no lo somos.” “¿Qué puede saber el hombre con sólo cinco sentidos?”, se pregunta la escritora. “Si duramos cuatro días aquí y hasta la gente más encumbrada cae en el olvido. ¿Quién habla de Eugeni d’Ors, de Ortega y Gasset, de Cela? Nadie. Por eso digo que escribir para triunfar es escribir para el olvido.” Entonces, ¿para qué se escribe? Salisachs lo hace “para comunicar, para ayudar, que es la forma de pervivir en el recuerdo. El triunfo dura cuatro días”. A la autora le molesta sobremanera que se ocupen de los vestidos o de las joyas que lleva y no de los libros que escribe. “No quiero que hablen de mí, sino de mi obra, que no será importante, pero sí muy prolífica y hecha con mucha intención para ayudar. Pero no existo. Me ha hecho mucho daño mi entorno. Un amigo me dijo una vez que si hubiera nacido pobre sería muy rica, y no le faltaba razón. Me habrían considerado mejor artista. Pero así es la vida.” De la literatura actual no tiene buena opinión. Lo que le da pena es que se mezcle la basura con lo realmente bueno. “Hoy se ha impuesto la cultura de usar y tirar, mezclar libros escritos por negros con los que escribimos a fuerza de mucho trabajo. No digo que mis libros sean muy buenos, pero sí me han costado mucho esfuerzo para que se devalúen al mezclarse con otros hechos como rosquillas para que las editoriales hagan su agosto.” De los premios literarios, Salisachs asegura que le interesa la promoción porque “si un libro bueno no se promociona, se muere porque en seguida vienen otros que son de personas conocidas que, aunque no saben escribir, lo ahogan. Ahora la mayoría de los libros están escritos por negros. Yo escribí una vez para otro autor”, admite. “La soledad, mal que nos pese a los escritores, es el primer factor que se precisa para escribir.” Esta reflexión está incluso inscrita en la portada de su libro anterior, La palabra escrita, en que la autora desgaja su prolífica obra y analiza su particular forma de narrar.

Article publicat a “Qué leer” el maig del 2002 per Antonio G. Iturbe

Mercedes Salisachs. La escritora invisible

La conversación narra la larga charla de siete horas entre dos desconocidos que comparten asiento en un vuelo a Nueva York. Ella acude a su cita matrimonial con un hombre al que conoce de toda la vida y con el que ha decidido casarse por su relación de cordialidad y cariño. Él acaba de enviudar y se marcha a Estados Unidos para olvidar. Su vecina de asiento cree que él está apenado por la pérdida de su mujer, pero nosotros, que podemos reseguir sus pensamientos, sabemos sabemos que en realidad es un hombre torturado por los recuerdos de un matrimonio que lo ha dejado interiormente arrasado. Una novela basada en el diálogo, ,más eficaz que brillante, con aliños moralistas que pueden compartirse o no, pero que no ocultan el esmerado oficio de quien la escribe.
Cuando se hace el recuento de novelistas para elaborar reportajes sobre libros, se convocan jurados literarios o se procede al abundante y aleatorio reparto de premios institucionales con que las diferentes administraciones riegan los mustios descampados de la cultura, nunca se incluye a Salisachs. Una autora con casi treinta novelas que sigue publicando y vendiendo miles de ejemplares, ganadora del Premio Planeta, del Premio Ciudad de Barcelona en 1959, traducida al francés, inglés, alemán, portugués, sueco, finlandés…¿Y dónde se esconde esa escritora, que resulta tan difícil que las instituciones que manejan la máquina de homenajes y las distinciones reparen en ella? Pues no está en la cordillera del Himalaya ni en las islas Fidji, precisamente, sino que vive en pleno centro de Barcelona, fácilmente accesible para todo el que quiera verla. Pero, oficialmente, Mercedes Salisachs no existe. Es una autora nacida en Barcelona en 1916 con más novelas, más traducciones y más conferencias a sus espaldas que muchos, pero en su ciudad no ha recibido ni un solo reconocimiento, ni en Cataluña. A nadie escapa que la culpa de eso no es la discusión sobre si obra narrativa es buena o no, sino su tozudez a no tomar en consideración el catalán: “Yo he intentado tener un castellano rico, impecable y por eso no he querido saber nada del catalán, para no contaminar el castellano”. Y, naturalmente, tanto en el espectro catalán como estatal, está mal vista justo por las mismas razones que en otro tiempo debió suceder lo contrario: por ser mujer adinerada y conservadora, o de derechas, como se quiera decir. Con esa facilidad nacional que hay pra el etiquetaje, incluso se la ha rotulado frecuentemente como franquista. Ella lo niega con una suave vehemencia: “Si durante la Guerra Civil me marché a la zona que llamaban “nacional”, no fue por gusto. ¡Ojalá hubiera podido quedarme en Barcelona en mi casa! Pero nos tuvimos que ir porque no hubieran matado. A un tío de mi marido lo mataron y la cocinera que teníamos que había sido monja tuvo que irse corriendo porque la querían matar. Nos robaron la casa, lo destrozaron todo. Pero eso no quiere decir que yo estuviera deacuerdo con Franco. Porque yo era monárquica y quería que volviera la monarquía. Escribí un libro en los años 50, “Una mujer llega al pueblo”, donde explicaba, en coña, pero diciendo en el fondo la verdad, cómo se vivía en España, y me lo censuraron de arriba abajo”. Le insisto, inasequible al desaliento, acerca de que he leído que era amiga de Carmen Polo, la esposa de Franco… “¿Yo? ¡Pero si no he visto en mi vida a esa señora, ni de cerca… Nunca! Lo que pasa es que tengo una sobrina segunda que se casó con un hermano de Cristóbal (Martínez-Bordiú, yerno de Franco). Pero ni siquera fui a su boda, me excusé.” Cuenta estas cosas y otras cosas en su amplio despacho de su casa de Barcelona, una de esas casas, en pleno Paseo de Gracia, que ya casi existen únicamente como museos y cuyo valor escapa a cualquier cálculo humano. Se accede a ella a través de un ascensor privado, como en las antiguas casas de la ciudad en las que el propietario era dueño de todo el edificio y se reservaba para sí mismo la primera planta, la planta noble, que nunca como en esta ocasión tiene tanto sentido denominar principal. Subiendo en el ascensor uno piensa en lo que conoce la vida de Mercedes Salisachs: una mujer muy religiosa, que incluso se fue en 1962 a Garabandal, en el País Vasco, donde se les había aparecido la virgen a unas muchachas, para que la máxima autoridad femenina del cielo la reconfortara tras la desgracida muerte de su hijo Miguel en 1958 en un accidente de tráfico. Una mujer que algunos tildan de reliquia del pasado, de autora apolillada, de la que hay quien te explica que le amargó para siempre la muerte de su hijo. Otros, que la perdieron la pista en los años 80, cuando dejó de escribir durante diez años para cuidar a su marido enfermo hasta que murió, no se han enterado o no ha querido enterarse con una apesadumbrada mujer anciana, con una casa lúgubre teñida de esa religiosidad fúnebre tan española. Abre la pueta del ascensor un asistente con un chaleco a rayas brillantes como un mayordomo de un libro de Tintín. Y la casa sorprende por su luminosidad, por el color blanco que preside las estancias, con un gran ventanal que da al Paseo de Gracia en un salón ampo decorado de manera exquisita, clásico pero sin antiguallas ni asoma de beatería. Ella està en su depacho relajadamente sentada en un mullido tresillo con un montón de periódicos extendidos y despliega una jovialidad inesperada, vestida con pantalones tejanos y una sonrisa acorde al entorno que la rodea. Y es que la decoración es una de sus pasiones, incluso llegó a tener una tienda de antigüedades visitada por la clientela más selecta de la ciudad. Aunque lo que le fascina de verdd es hablar de literatura. En la mesa del fondo descansa su máquina de escribir Lettera de color naranja que trae de cabeza a su servicio para encontrar piezas de recambio.
Explica que estudió perito mercantil, que tampoco era algo frecuente en los años para una mujer: “A mí la economía me importaba un rábano pero i padre se empeñó”. Se casó a los 18 años y se dedicó a cuidar a sus hijos y a escribir a ratos “porque a mí lo que me apasionaba era la literatura, leer sobre todo, y también tenía mucha vocación por la escritura. Cuando se empezó a saber que escribía, la gente de mi entorno social decía que lo de escribir era por destacar, y los otros decían que les iba a quitar el pan”. Acabó su primera novela con casi 39 años, y la presentó al Premio Planeta con el pseudónimo de Maria Dessaine, que era una de sus apellidos franceses por parte de su madre. “Un día abro “La Vanguardia” y veo que estoy entre los seis finalistas elegidos entre trescientos. Le dije a mi hijo mayor:”Vamos a Madrid a la ceremonia!” en la primera votación caí y le dieron el premio a Santiago Loren por Una casa con goteras. Miguel Utrillo, que era periodista del diario “Pueblo”, me presentó a Lara y me comentó que habían dado el premio a Lorén, pero que había una novela muy especial, muy difícil de editar por la censura, firmada por una mujer pero que seguro que la había escrito un hombre y empezó a contar la historia de Primera mañana, última mañana. Entonces yo le dije: “Yo soy María Dessaine”. Se quedó pasmado y además Utrillo lo publicó al otro día en “Pueblo”. Me dijo Lara que fuera a verlo a Barcelona, pero en aquel entonces no tenía un duro. Me dijo que no tenía dinero para publicar a los finalistas, pero que si pagaba la mitad lo podría publicar. Le dije que o sentía mucho, pero es que para mí era una ofensa porque si el libro vale, pues se edita pagándome y si no vale, pues no se edita y ya está.” Finalmente el libro lo publicaría Luis de Caralt y Lara se rendiría a Mercedes Salisachs un par de novelas después, cuando en 1957 ganó el Premio Ciudad de Barcelona con Una mujer llega al pueblo, uno de los libros claves en su trayectoria. Desde aquells lejanos 50, la relación de Salisachs con Planeta ha sido fluctuante porque ella nunca ha dejado de batallar por los contratos de cada uno de sus libros con un agudo sentido sindicalista, como si le fuera en ello llegar a final de mes: “Es por esos detalles que se valoran las cosas: por el contrato, por la publicidad que van a hacer, por la promoción… Soy batalladora, no lo puedo remediar. Y batallo porque la literatura es algo mío que lo siento mucho”.
La cima de su popularidad y de su relación con Planeta se produjo en 1975 con La gangrena, ganadora del Premio Planeta y que lleva 52 reediciones. Pero aún después se enfadaría un tiempo con Planeta y publicaría en Argos Vergara La presencia y Derribos -su único libro realmente autobiográfico- en 1979 y 1981. En 1985 se retiró temporalmente de la escritura para atender a su marido, gravemente enfermo de cáncer y durante diez años dejó de publicar. Volvió a hacerlo animada por Lara en 1996 con Bacteria mutante, pero con sus 80 años cumplidos aún se permitió dejar plantada a Planeta y publicar sus dos novelas siguientes con Plaza & Janés: El secreto de las flores (1957) y La voz del árbol”(1998). Y todavía, hace un solo año, dió el esquinazo al todopoderoso grupo Random House-Bertelsman, al que pertenece Plaza & Janés, para irse con Ediciones B porque le ofrecía un contrato mejor y sintió que la iban a cuidar más.
Han pasado 26 novelas y 85 años, pero sigue hablando y gesticulando con una vivacidad que desmiente su edad. Dice, como uno de los personajes de La conversación, que en vida siempre hay que esperar algo. Y ella espera poder acabar la novela que tiene entre manos y aún proyecta escribir un ensayo sobre la forma en que ella entiende la escritura, lo que sería un buen legado de la decana de nuestras escritoras. “La decana o la más vieja, dilo como quieras”, afirma ella sin perder la sonrisa suave, un poco beatífica, ungida por la paz espiritual de los que ya han hecho su parte.

Entrevista publicada a “La Vanguardia” el 10/05/2002 per Víctor-M. Amela

“Tenga ilusiones, pero sin esperar nada”

A los 6 años tomé una libreta de tapas de hule y en su primera página escribí este título: “La vida”. ¡Quería escribir sobre la vida… a los 6 años!
-Un poquito pronto, sí.
-Aquella libreta quedó en blanco, claro, aunque la necesidad de escribir persistió. Pero con 19 años me casé (era 1935) y de mis 19 a mis 30 años tuve cinco hijos.
-Y le resultó difícil ser madre y escritora.
-Lo principal entonces para mí eran mis hijos, mi marido. Yo escribía, pero no me atrevía a enseñar nada de lo que escribía.
-¿Por qué?
-No estaba bien visto.
-No entiendo…
-Cuando en 1955 -con los niños ya crecidos- publiqué mi primer libro, en mi ambiente social, en tono de burla, empezaron a apodarme “la literata”.
-La “buena sociedad” barcelonesa.
-En mi entorno me atizaban: “Ésa que se las da de escritora…”. Y en el ambiente literario también me atizaban: “Esa intrusa que pretende quitarnos el pan…”. ¡Yo recibía por todos los lados!
-Ya entiendo.
-Y yo lo siento, porque seguramente hice sentir incómodas a personas cercanas a mí. “¡Tus novelas son duras, nadie sale bien parado!”, me reprochaban.
-Descríbame ese entorno suyo.
-Mi padre tenía una fábrica de harinas. Sólo por eso, comunistas y anarquistas querían matarnos. ¡Y también a la cocinera, sólo porque había sido monja! Así que tuvimos que huir de Barcelona y pasar al bando nacional. Y, una vez allí, ¡encarcelaron a mi padre!
-¿Por qué?
-¡Porque mi padre era de ideas republicanas, defendía la República! Por eso yo no fui nunca franquista. Monárquica, sí. Lo era y aún lo soy. Pero ¿franquista? ¡Nunca! ¡Además, censuraban todas mis novelas. En “Una mujer llega al pueblo” (1957) trataba de una mujer soltera embarazada a la que nadie se atrevía a ayudar. Ni el cura. Denunciaba cosas que estaban pasando.
-Y que aún pasan: ¿qué opina del aborto?
-Que es un retroceso: lo practicaban los romanos. Eso no es progreso, no es un adelanto. Se habla de libertad, pero la libertad es como un río: ¡tiene cauces! Sin cauces, un río se desborda y es muy peligroso.
-¿Un cauce es la pena de muerte?
-No: escribí contra la pena de muerte en 1950. ¡Nadie tiene derecho a matar a nadie!
-¿Qué añora de sus tiempos de juventud?
-El tráfico. ¡Aparcabas delante de casa!
-¿Y qué aprecia de hoy?
-Los adelantos, las posibilidades individuales de realización personal.
-Usted no puede quejarse…
-No. Mi padre era un intelectual y me obligó a estudiar ¡cuando las mujeres no estudiaban! Fui perito mercantil en los años 30.
-Y ganó el premio Planeta en 1975.
-Sí, con “La gangrena”: entonces pareció extraño que una mujer se atreviera con una novela que abarcaba desde la dictadura de Alfonso XIII hasta el año 1971. ¡Y aún sigue editándose y leyéndose! El público me lee, me da su favor. Los críticos…
-¿No la quieren?
-No es eso, son amables… ¡Pero noto que no leen mis novelas! Escriben mirando las solapas. ¡Y eso me duele, duele muchísimo!
-¿No se siente valorada?
-Los cenáculos literarios están en Madrid, y allí se cuecen las cosas. Si no estás allí…
-¿Cambiaría algo de su vida?
-Si me pusiera a pensar de forma egoísta, le diría que me hubiese quedado soltera. ¡La libertad, la independencia! ¡Qué bien, ¿no?!
-¿Se arrepiente de haberse casado, de…?
-Sólo he respondido a su pregunta. Esa independencia me habría hurtado esos hijos, nietos, bisnietos…: ¡el amor a los míos ha podido más que mi independencia!
-¿Se casó usted enamorada?
-Enamoradísima. Y luego vino el amor, que es lo importante, lo grande.
-¿Cuál es la diferencia?
-¡El enamoramiento es egoísmo! Ves en el otro lo que deseas ver en él. Y si se sale de ese perfil, desencanto… “La mató por amor” ¡Mentira! ¡Me pongo enferma al oír eso! Por amor no se mata. ¡La mató por egoísmo!
-Descríbame el amor, pues.
-Es la entrega: es dar, es pensar en el bienestar del amado, en la felicidad del amado. Si amas a otro, quieres que esté bien, que sea feliz, ¿no? Cuando mi marido cayó enfermo, yo dejé de escribir durante diez años.
-Ahora la veo muy en forma…
-A mí ya se me han muerto los amigos, y los hijos hacen su vida y no quiero entrometerme. En fin, que estoy sola. Y eso es para mí una ventaja: te aburres, y es cuando vienen las ideas. Y escribo.
-¿Ése es su secreto? ¿La soledad?
-Sí. ¡Me encanta estar sola! Deportes no he hecho, ¿ve? El único, montar a caballo… porque iba sentada. No me he desgastado.
-Y ha triunfado en sus sueños de escritora.
-¿Qué es triunfar? ¿Alcanzar tus ilusiones? Si no las alcanzas, te defraudas; si las alcanzas, hay envidias. Y luego te comen los gusanos ¿y qué? Mire esa foto: es Eugeni d’Ors, que me la dedicó porque yo le admiraba y era su amiga. ¡D’Ors era el no va más! ¡El Goethe español! ¿Y quién se acuerda hoy de él? ¿Ve? Todo en la vida es pura ilusión. Y yo, en dos años, ya no estaré aquí.
-No le creo: su cabeza está despejada.
-Sí, sí, pero estoy muy vieja, me canso. ¿Quiere un consejo? Está muy bien tener ilusiones porque son un motor que nos hace sentirnos vivos. De todos modos, ¡tenga ilusiones, pero no espere nada de ellas!

Article publicat a “El Mundo” el 03/05/02 per Pilar Maurell

Mercedes Salisachs: «No existo como escritora en España»

Eladio y Daniela no se conocen, sólo comparten horas en un vuelo transatlántico que tiene toda la pinta de ser bien anodino. Hasta que empiezan a hablar y surge La conversación, la nueva novela de Mercedes Salisachs.
El libro empieza con una frase de Stefan Zweig: «El hombre se revela en la conversación no sólo por lo que dice sino por lo que calla». «Lo importante del libro es lo que él calla», explica Salisachs. Y es que el protagonista de esta novela, Eladio, se ha hecho a sí mismo, lo ha tenido todo y todo lo ha perdido.
De ahí que marche a Nueva York para empezar una nueva vida lejos de España, donde los recuerdos son demasiado dolorosos. Son esos recuerdos los que calla Eladio y que cuenta Salisachs en primera persona, aspectos de su vida que el lector irá conociendo a lo largo de la novela pero que para Daniela, su compañera de vuelo, quedarán oscuros.
La trampa del triunfo
En un momento de la novela se dice que el triunfo puede convertirse en la peor de las trampas y esta frase explica el sentido de la historia del protagonista de La conversación, un alto ejecutivo de un grupo editorial, «a quien contratan para que arregle la editorial, que está hecha un asco, que es lo que pasa en todas las editoriales ahora», critica la autora, que ha querido retratar el mundo de los libros, hacer un diagnóstico, no muy halagüeño, del devenir editorial en España y aportar algunas soluciones.
«Estoy hasta aquí», y se señala la cabeza, «de las editoriales», asegura Salisachs, una mujer ya muy ducha en el territorio de las letras, después de 30 libros publicados. «No puede ser, si yo veo que gente que no sabe casi hablar escribe libros y una se ha pasado todos estos años trabajando como una negra, estudiando el castellano, los clásicos… para que luego venga un señor y tenga un éxito enorme por una cosa que a lo mejor ni siquiera ha escrito. Es tristísimo para un autor. Por eso he querido que Eladio trabajara en una editorial, para poderme desahogar», subraya, pero dejando claro que todo esto no tiene nada que ver con Ediciones B, el sello de su nuevo libro.
Salisachs se queja del poco reconocimiento que tiene en los círculos literarios: «No existo como escritora en España», asegura. «Los académicos y los lectores profesionales y oficialmente importantes no me han leído».
Después de décadas escribiendo (la escritora ganó el Premio Planeta en 1975 con La gangrena) Salisachs tiene ahora un sueño: ver una obra suya reflejada en escena, pero, por hoy, no ha prosperado ninguna de las propuestas que ha recibido. «La televisión y el cine son los que lanzan a un autor», defiende la escritora.
A pesar de todo lo dicho hasta aquí, la autora clarifica: «Yo no pretendo armar jaleo, estoy encantada como estoy».

Entrevista a Mercedes Salisachs, publicada al diari “Avui” el 16/12/99 per Lourdes Domínguez.

L.D. Amb només 18 anys es va casar. Després va tenir cinc fills i actualment té 19 néts i 18 besnéts. Però malgrat que la seva vida sembla prou interessant, només ha publicat una obra autobiogràfica: Derribos, sobre fets o persones que la van marcar quan era una nena. ¿No li agrada parlar de vostè mateixa?
M.S. Jo mai faig obres autobiogràfiques. Hi ha moltes coses meves a les meves obres, però aïllades i tergiversades. És a dir, tot és viscut, però no autobiogràfic. No m’agrada parlar de mi mateixa. A més a més, crec que la meva vida no li interessaria gaire a ningú.
L.D. El càncer que va patir el seu marit va fer que passés gairebé deu anys sense publicar res…
M.S. N’havia de tenir cura i això acaparava tota la meva atenció. Patia molt per ell. Era un home molt vital i tenia tantes ganes de viure que no s’adonava que realment tenia un càncer. Es va anar apagant de mica en mica, però fins a dos dies abans de la seva mort va presidir els consells de la seva companyia d’assegurances.
L.D. Un cop mort el seu marit, torna a escriure i publica Bacteria mutante (Planeta, 1996). Després d’aquest títol es passa a l’editorial Plaza & Janés. Per què?
M.S. Abans de publicar Bacteria mutante, Lara em trucava cada dia per animar-me a escriure. Al final m’hi vaig decidir i vaig fer aquesta obra, que és la continuació de La gangrena. Però després de tanta insistència, no li van fer gairebé publicitat i el llibre no es va vendre tant com ho hauria fet si hagués tingut més promoció. Continuo tenint una bona amistat amb els Lara, però des del punt de vista editorial no en vull saber res.
L.D. Pateix de sordesa. ¿L’afecta a l’hora d’escriure?
M.S. No, al contrari. La sordesa em permet aïllar-me quan vull concentrar-me. No escolto ni les trucades de telèfon…
L.D. Ara té 83 anys. ¿Escriu pensant que el llibre que està preparant pot ser l’últim?
M.S. Sí. Des de Bacteria mutante cada vegada que he escrit un llibre he pensat que es tractava del darrer que publicaria. Però després encara han vingut El secreto de las flores (1997) i La voz del árbol (1998) i ara n’estic preparant un altre. El fet de creure que són l’últim llibre que escric no m’afecta a l’hora de fer-los, perquè la mort no em fa cap por. Tinc fe i per mi la mort és un naixment: la vida és un embaràs i es comença a néixer quan un es mor.
L.D. ¿S’ha plantejat deixar d’escriure?
M.S. No. No puc evitar escriure, ho he fet tota la vida. Necessito expressar el cúmul d’idees que porto a dins. I si ningú publiqués la meva obra, escriuria per a mi mateixa. Jo no tinc amb qui parlar, perquè la majoria dels meus amics han mort i els meus fills i néts fan la seva. Per això he d’escriure.
L.D. ¿En què està treballant actualment?
M.S. Estic escrivint una novel·la, però no vull avançar-ne l’argument perquè després sempre hi ha variacions. Només et puc dir el títol, però potser el canvio també. Probablement es dirà El clamor del silencio. En ella, figura que sóc vella i que parlo amb uns morts sobre coses que van succeir en el passat.
L.D. A Bacteria mutante afirma que a l’època de la Unió Europea, els nacionalismes són com uns barris. Què opina del nacionalisme català?
M.S. No sóc nacionalista, però tampoc vull parlar de política. Jo no ho viuré, però Europa en un futur no gaire llunyà serà com una mena d’Estats Units a l’europea amb un únic president. Davant d’aquest panorama, els nacionalismes esdevenen ridículs.
L.D. Viu a Catalunya, però no parla mai català…
M.S. Sí que el parlo, però molt malament, perquè no l’he estudiat mai.
L.D. ¿Creu que a Catalunya es parla malament el castellà?
M.S. Sí, perquè els catalans parlen el castellà traduint del català. Això ha fet que m’obsessioni a aprendre bé l’espanyol i a notenir una prosa contaminada de catalanismes. Per evitar aquesta influència, he procurat deslligar-me de la llengua catalana,buscant el castellà pur. M’he dedicat amb tota la meva ànima a aprendre bé el meu idioma i crec que l’escric igual de bé o millor que els autors de Valladolid.
L.D. Per què no té obra traduïda al català?
M.S. Jo estaria encantada de tenir obra traduïda a la llengua catalana, però a Catalunya no dec estar gaire ben vista. Jo no tinc res contra el català; l’únic que vull és que no em faci escriure malament el castellà.
L.D. ¿Està d’acord amb la política lingüística impulsada des de la Generalitat?
M.S. Em sembla perfecte que s’ensenyi el català a l’escola, però a condició que també s’hi aprengui el castellà com Déu mana. Els meus néts han tingut totes les assignatures en català i això no em sembla bé, perquè Catalunya és Espanya. ¡Qui vulgui estudiar en català, que ho faci, però qui ho vulgui fer en castellà, també ho hauria de poder fer. Jo em sento tan catalana com aragonesa o gallega, sóc espanyola i sento que pertanyo a totes les comunitats de l’Estat espanyol; encara que per Catalunya tinc una estima especial, ja que hi he viscut la major part de la meva vida.
L.D. Per què va publicar la seva ‘opera prima’, Primera mañana, última mañana (1955), sota el pseudònim de María Ecín?
M.S. Perquè la vaig presentar al premi Planeta i no volia que sabessin que l’havia escrita jo. Havia rebut moltes crítiques dels intel.lectuals de l’època, que m’acusaven de ser una dona de l’alta societat que escrivia per caprici. Fins i tot van arribar a dir que tenia negres que escrivien els meus llibres, quan ha estat al revés: jo he fet de negra d’altres persones que no diré mai. Així que sabia que si volia tenir possibilitats de guanyar el Planeta, era millor que ningú sabés que m’hi presentava. Quan vaig començar a escriure, tenia assumit que em trobaria amb tots aquests problemes i ja m’havia mentalitzat que seria difícil. Per això, aquests comentaris dels intel·lectuals em relliscaven una mica.
L.D. ¿Creu que encara ara continua l’actitud hostil dels crítics cap a vostè?
M.S. Sí, però de manera diferent: ara no és que vagin en contra meu com abans, sinó que simplement m’ignoren. Però no m’importa, jo continuo escrivint i la gent continua llegint-me. No he pretès mai ser una dona d’una fama enorme.
L.D. L’han traduïda a multitud d’idiomes i ha tingut un gran èxit de públic. De fet, ‘La gangrena’ ja va per l’edició número 52. ¿Escriu amb vocació comercial?
M.S. Jo no escric per fer bestûsellers, però sempre intento mantenir el lector intrigat fins a la fi del llibre. Busco que l’obra l’enganxi des d’un bon principi.
L.D. Part de la crítica li ha retret que, a les seves obres, sempre s’endevina en tot moment què passarà…
M.S. A mi no m’interessa què, sinó com passarà. L’important no és explicar què succeeix, sinó anar desvelant de mica en mica com ha passat allò que s’ha plantejat. La intriga neix del com.
L.D. La gangrena, premi Planeta 1975, és el seu llibre més venut i conegut. ¿Creu que va suposar la seva confirmació com a escriptora?
M.S. No, el meu talent literari ja havia quedat suficientment demostrat abans, amb premis com ara el Ciutat de Barcelona per Una mujer llega al pueblo (1956) i la bona venda dels meus llibres. No considero que La gangrena sigui el meu millor llibre, però sí que és el que s’ha venut més. A mi m’agraden més El secreto de las flores (1997) i La voz del árbol (1998), potser perquè són les últimes que he fet. Amb l’experiència, penso que cada vegada escric més bé, i per això crec que els meus darrers títols són els més bons. Si ara reescrivís La gangrena, l’escriuria millor.
L.D. D’aquesta obra en va fer sis versions en cinc anys. Què canviava d’una versió a l’altra?
M.S. Canviava moltes coses. Jo sempre faig com a mínim tres versions de cada llibre i la primera sempre és dolentíssima. A tots els escriptors que comencen sempre els dic el mateix: el primer que han de fer és comprar-se una paperera. Escriure la meva primera obra em va costar sis anys i en vaig fer dotze versions. Sóc molt autocrítica: escric i reescric i hi ha moments que, rellegint el que he fet, em desespero, perquè tinc molts dubtes sobre si és bo o horrible.
L.D. ¿Alguna vegada s’ha vist com a candidata al Premio Nacional de literatura?
M.S. No hi he pensat, però és possible que algun dia me’l puguin donar, perquè he treballat moltíssim. M’acaben de donar la Gran Creu de l’Ordre Civil d’Alfons X el Savi, o sigui que tampoc ho veig impossible. Però tampoc ho espero, perquè ja tinc 83 anys i suposo que em moriré aviat. A la meva edat s’és molt vell, però jo continuo tenint projectes, il·lusió, perquè el que no vull és morir en vida.
L.D. ¿Definiria els seus lectors com un públic fidel?
M.S. Hi ha alguns lectors, una minoria, que sé del cert que són fidels, perquè m’escriuen i m’animen a continuar escrivint. Però, de la resta, no goso afirmar-ho.
L.D. Vostè ha revisat les quatre obres que ara li reedita Plaza & Janés. ¿N’ha canviat moltes coses?
M.S. No, he canviat algunes frases, he suprimit alguna paraula, però principalment les he deixades tal com estaven. Suposo que si les escrivís ara, probablement milloraria molt la seva prosa perquè, amb els anys, he anat enriquint-la molt, però no he volgut fer-ne una nova versió.
L.D. ¿Té una predilecció especial per alguna d’elles?
M.S. No, totes quatre me les estimo igual. Jo sempre he dit que l’escriptor sent els seus llibres com si fossin fills seus i, pel simple fet de ser-ho, se’ls estima tots. No renegaria mai d’un llibre escrit per mi.
L.D. Vostè ha afirmat que té molts dubtes a l’hora de jutjar la pròpia obra. ¿Li succeeix el mateix quan llegeix llibres d’altres autors?
M.S. No, de seguida veig si un llibre m’agrada o no, si estan ben escrits o no. Perquè una obra m’agradi, ha d’estar molt ben escrita, perquè sóc molt exigent a l’hora de jutjar-la. Per això considero que actualment s’escriu molta palla.
L.D. Com valora, doncs, la literatura actual?
M.S. La literatura contemporània és plena de sexe i violència. No ho entenc: per què sempre hi ha d’haver la típica escena de sexe, si sempre és igual, si sempre es repeteix? Per què tant de detall a descriure l’acte sexual, si ja se sap com és? I amb la violència passa el mateix. Llegir aquestes escenes de sexe o de violència m’avorreix i em fa fàstic. Sí, la paraula és fàstic. A més a més, com ja he comentat, en molts llibres hi ha molta palla. Per això crec que la qualitat de moltes de les obres actuals deixa molt a desitjar. Però és només la meva opinió. Puc estar equivocada.
L.D. ¿Considera, doncs, que sexe i violència haurien de desaparèixer dels llibres?
M.S. No és que s’hagin de suprimir, n’hi ha prou d’apuntar-los, com faig jo. Per exemple, alguns dels meus llibres expliquen històries molt dures, però provo de no ser mai desagradable. Una obra pot ser dura sense que hi hagi res escrit que hagi de ferir la sensibilitat del lector. Mira la Bíblia: és el llibre més dur que mai s’ha escrit. Hi ha adulteris, incest, crims, enveja… i en canvi, és bàsica per al cristianisme! No es pot obviar el sexe i la violència, perquè formen part de la humanitat, però no fa falta recrear-se en els detalls més morbosos.
L.D. La història també juga un gran paper a les seves novel·les. Però no es pot parlar de novel·la històrica…
M.S. Les meves no són novel·les històriques, perquè la majoria de vegades no poso ni dates. El que sí és cert és que la història hi té un paper destacat, perquè situo el lector en una època descrivint els fets històrics, socials, literaris o artístics que estan succeint en aquell moment. Jo em documento molt. És el treball que més em molesta, però s’ha de fer per evitar cometre anacronismes que desvirtuïn el text.
L.D. Les històries dels seus llibres en la majoria de casos no són reals, però podrien perfectament ser-ho…
M.S. Estic segura que tot el que jo escric ha passat en algun moment en algun lloc del món, perquè si ho he pogut inventar, és que ha existit. Si no fos així, no m’ho hauria pogut imaginar.
L.D. El passat té una gran importància en la seva obra…
M.S. Sí, però tampoc és cert que la meva sigui una literatura del record, perquè moltes de les meves obres no parlen del passat, com ho demostra per exemple El secreto de las flores. No obstant, crec que parlar d’èpoques anteriors és una manera d’enriquir el lector, perquè, moltes vegades, el públic no sap què va passar perquè no ho va viure i l’escriptor, en canvi, ho coneix per pròpia experiència.

Crítica apareguda a “Qué leer” el febrer de 2001 a cura de Miquel Dalmau

En Los clamores del silencio hay una sencilla trama argumental que va espesándose como se enturbia y enreda la vida. Pero para escribir sobre ella Mercedes Salisachs opta por la audacia estructural, desarrollando un drama en apariencia de costumbres, pero erigido sobre docenas de monólogos conversacionales destinados a dos personajes que ya han muerto. Son piezas de complejidad creciente, que permiten reconstruir una existencia femenina marcada por dos hombres (un español y un francés) y dos ciudades: la luminosa, tolerante y cosmopolita París y una Barcelona claustral y provinciana. Salisachs lanza dardos envenenados a la alta sociedad barcelonesa, superficial e hipócrita, que condena a Sagra (abnegada heroína) al desamor, el deseo adulterino y la soledad. También contrapone con acierto dos temperamentos, el burgués y el artístico, por los que Sagra se ha sentido tan atraída como prisionera. Pero la novela es, además, un sincero ajuste de cuentas con los que marcharon, un diálogo tardío donde se ahonda (pese a ciertas reiteraciones y alguna palabra apolillada) en el enigma de la existencia. Mercedes Salisachs lo hace con esa sabiduría y serenidad que solo otorga el privilegio de los años.

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