Merino, Olga

Biografia

Olga Merino (1965) ha treballat com a corresponsal a Londres i Moscou. En 1999 publica la seva primera novel·la, Cendres vermelles, amb gran èxit de crítica.Olga Merino va néixer l’octubre de 1965. Va cursar estudis d’especialització en Història i Literatura Llatinoamericanes al regne Unit. Ha treballat com periodista i residit a Londres i a Moscou, on durant cinc anys va ser corresponsal i va viure la transició del règim soviètic a l’economia de mercat. Ha publicat. El 1999 va publicar la seva primera novel·la, Cenizas rojas amb gran èxit de crítica i, darrerament, Espuelas de papel.

Obra

Espuelas de papel

Documentació

Article publicat a “El País” el 22/05/04 per J. Ernesto Ayala-Dip

Las grietas de papel

El dibujo de caracteres no le impide a Olga Merino subrayar con igual intensidad en su nueva novela, Espuelas de papel, dos momentos concomitantes de la historia española del siglo veinte: la Guerra Civil y las dramáticas secuelas que dejó su gestión por los vencedores. Quiero indicar con esto que Olga Merino no subordinó ninguno de los niveles con los que esta novela trabaja, el histórico y el intrahistórico. Ninguno de los dos se impone al otro, y este equilibrio de ambas instancias hace que la novela fluya sin fisuras, se desenvuelva como un todo narrativo a pesar de sus muchas idas y venidas cronológicas y espaciales. Ya en su anterior novela, Cenizas rojas, pudimos ver su interés por hacer que los vertiginosos cambios que se estaban operando en la Unión Soviética los lectores los vivieran desde la ficción. En Espuelas de papel la autora catalana procede con el mismo espíritu, incluso con un punto de riesgo que trataré de explicar. Digamos antes que Espuelas de papel está escrita en tercera persona. La elección de esta voz narradora es la acertada, toda vez que se nos cuenta peripecias distintas y alejadas en el tiempo, con varios personajes que aparecen y desaparecen, un volumen argumental si no denso sí poblado, y a la vez nunca esta voz resulta abrumadoramente omnisciente. La materia de esta novela es suficientemente emotiva como para encima añadirle más madera con una elección narradora en teoría más próxima. Así que en este capítulo Olga Merino demuestra una no habitual sapiencia. En cuanto a su asunto, la novela trata de unos inmigrantes andaluces que llegan a Cataluña alrededor de los años sesenta. La protagonista es Juana, una chica de veinte años que se coloca de sirvienta en una casa de Barcelona. La señora de la casa tiene dos hijas (las Monterde) y un pasado brumoso. A Juana (Merchán) le acompaña en protagonismo Liberto, un relojero y antiguo anarquista de cuarenta años que pasó veinte en las cárceles de Franco. Están luego los padres de Juana y sus hermanos, el barrio de extrarradio donde se hacinan, el barrio gótico donde vive Liberto, el trasiego de unos negocios turbios. Sobre la memoria de esta gente, pesan los terribles días de la represión franquista en Sevilla, después de la sublevación. En unos, en otros los otrora desmanes y la rapiña inhumana. Y como elemento que suelda estos dos escenarios cronológicos y humanos, la figura casi mágica de Chachachica. He hablado antes de riesgo. Quien lea esta novela hallará ecos de la narrativa de Juan Marsé. La atmósfera que rodea a las Monterde parece sacada de una novela del gran escritor. Otra referencia es la de Mercé Rodoreda, en cuyo mundo no me extrañaría que Merino se hubiera inspirado para construir al relojero Liberto y su romance con Juana. Sólo creo que Olga Merino no acertó a justificar plenamente en su novela la presencia de Chachachica, un personaje tal vez demasiado entrañable para una historia que no permitía ni un gramo de miel, excepcionalmente imprescindible en la excelente secuencia en la que es vejada por el capitán (real) franquista Manuel Díaz Criado. Trabajar una novela con la sola posibilidad de que alguien identificara en su hechura paisajes tan emblemáticos como los de los autores citados era un riesgo. Y Olga Merino, salvo en el dibujo que le reprocho, salió airosa. Y con una escritura personal y exenta de lagrimeo y demagogia, exigencia, entre otras, con la que hay que contar si se quiere, como la autora, tener un mundo propio.

Article publicat a “El País” el 24/03/04 per Rosa Mora

Olga Merino narra la trágica emigración andaluza de los cincuenta

Juana Cerdán dejó su pueblo de Sevilla con su padre y una hermana para trabajar en Barcelona. Huían del hambre y se encontraron con una ciudad asfixiada. Eran los años cincuenta. Olga Merino quería escribir de cómo el cambio social afecta a los individuos, y en Espuelas de papel narra una historia de desolación, de perdedores, en la guerra y la posguerra en Andalucía y en Cataluña. Olga Merino (Barcelona, 1965) es periodista. Trabaja para “El Periódico de Catalunya”, del que durante cinco años fue corresponsal en Moscú. Esta experiencia le impulsó a escribir Cenizas rojas, en la que explicó el difícil tránsito del régimen soviético a la economía de mercado. Tuvo una excelente crítica. Cuatro años dedicó a Espuelas de papel, título que se lo sugirió una canción de Pepe Marchena. Muestra en esta segunda novela una sólida coherencia literaria. “Me interesa tratar, como hecho literario, cómo el cambio social afecta a los individuos. En Cenizas rojas, quise hablar del cambio económico en Rusia; en ésta, me he planteado el tránsito de la Andalucía rural a Cataluña e inevitablemente me llevó a la Guerra Civil. He currado mucho este libro, he leído, he estudiado, he escuchado, porque yo no viví esa época, y he visto un sentimiento unánime: esa primera hornada de emigrantes no ha renegado nunca de Cataluña, a pesar de lo mal que lo pasaron. Ahora muchos de sus nietos votan a Esquerra Republicana”. “Fue un cambio muy brusco. Tenían esa dignidad de la gente del campo, y en Barcelona tuvieron que cogerse a lo que podían”. Juana y su hermana Isabel, en el servicio doméstico. El padre, en la construcción. A salto de mata. Ahorraban los salarios íntegros para enviarlos a Puebla de Acebuche, pueblo imaginario de la cuenca del Guadalquivir. Allí estaban otras cuatro hermanas y un hermano. Objetivo: llevarlos a Barcelona. De un patio de vecinos del pueblo, a la soledad de la ciudad. Merino lo cuenta a través de “fragmentos de esos años”, como ella dice. 1936 en el pueblo sevillano. La represión. El franquista capitán Díaz Criado, un personaje real, “alcoholizado, que dictaba sentencias de muerte borracho, que se aprovechaba de las mujeres de los rojos”. El barco prisión en el Guadalquivir. En Barcelona, la señora Salud Monterde, la traidora que robó joyas en el 36 y que 20 años después trapichea con ellas. El anarquista vencido, Liberto Pech, que estuvo en el campo de concentración de Argelès; luego, en la cárcel; que tiene que avenirse a los sucios negocios de la Monterde para sobrevivir y en quien se refugia Juana, que se hizo adulta “a fuerza de golpes”. Espuelas de papel tiene un inmenso pozo de tristeza. “Todos son perdedores, personajes que viven al límite”. Merino maneja bien ese viaje del presente al pasado y lo hace, a ratos, con recuerdos recurrentes. “Son voces de la memoria que se repiten y que modelan nuestra vida”.

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Olga Merino